Cuento corto del rey oportunista

Cuento corto del rey oportunista

Había una vez en un lejano pueblo un castillo y una reina que estaba muy enferma. Lo que más le preocupaba a la soberana no era abandonar el trono, sino dejar a su hijo desamparado.

Al no tener familia, esto era un problema, ya que el linaje de su vástago se perdería y los demás monarcas no lo respetarían como tal. Por eso pensó que debía casarse con un soberano que estuviera dispuesto a velar por su pequeño.

Los candidatos fueron varios, pero la mayoría de ellos ya eran personas bastante mayores, con lo que la reina pensó que el único candidato factible sería el rey Huberto, monarca de un condado vecino.

La gente en el pueblo había escuchado varios cuentos cortos que afirmaban que Huberto, no era más que un estafador al que solamente le interesaba llegar al poder para hacer cosas indebidas. Sin embargo, esos rumores no pudieron ser confirmados por nadie cercano a la corte.

El día de la ceremonia llegó y todo el reino estaba listo para darle la bienvenida al nuevo rey. Ambos monarcas ya casados, salieron al balcón del castillo y saludaron a la concurrencia.

Sin embargo, en la torre más alta, se hallaba el joven príncipe llorando amargamente su desdicha. La reina al enterarse de tal asunto, fue a verlo y le dijo:

– ¿Qué te ocurre hijo?

– Nada madre, es sólo que tengo miedo que cuando tú mueras, yo sea desterrado.

– ¿Por qué estás diciendo esas cosas?

– Varios de los cortesanos, se me han acercado a decirme que Huberto tiene interés en el trono y que una de sus primeras decisiones será alejarme de aquí en el instante en el que tú dejes este mundo.

– Eso nunca pasará hijo mío, te lo aseguro.

No bien la reina había concluido esa frase, cuando cayó fulminada a causa de un ataque cardiaco.

Pocos días después, el rey Huberto mandó al príncipe al calabozo y esperó a que le informarán de su muerte. Sin embargo, uno de los guardias lo dejó escapar y éste fue a la alcoba del monarca para matarlo, clavándole una espada en el corazón.

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